El chinche asesino ya está entre nosotros

El conocido popularmente como chinche asesino es un insecto peligroso. Este es un feroz depredador que ataca directamente a otros insectos e invertebrados, lo cual tiene un impacto muy negativo en las especies autóctonas.

El Zelus renardii, más conocido como ‘chinche cazador’ o también llamado ‘chinche asesino’, procede de México y del sur de Estados Unidos.

El cambio climático está teniendo graves consecuencias en la aparición de nuevas especies y en la modificación del hábitat natural de otras que ya conocíamos.

Este último caso es lo que ha ocurrido con el chinche asesino, una especie que en Europa no se había detectado.
El sumatorio de distintos escenarios ha provocado que por primera vez la suframos de forma continua y asentada en España.

La adaptabilidad al nuevo hábitat ha provocado que el resto de especies convivientes sufran de primera mano la violenta reacción del chinche asesino.

El modus operandi se trata de una picadura de larga duración, que puede durar minutos u horas y que destroza por completo a su oponente.

Los expertos confirman que es un eficaz depredador de insectos y, por tanto, puede causar un impacto negativo en el hábitat de las especies autóctonas.

La radiografía de esta especie

El Zelus renardii, es un redúvido heteróptero con las alas parcialmente endurecidas, presenta una boca tipo picador-chupador que se alimenta de jugos o sangre de otros invertebrados.

De hecho, presenta un cuerpo muy estilizado y provisto de las características alas de los Hemípteros, que tienen una parte dura y otra membranosa.

Es un eficaz depredador de insectos y con actitud erguida para atacar a sus presas.

Para evitar que sus víctimas escapen, las adhiere a sus patas por medio de una secreción pegajosa de sus tibias. Realmente no hay quien se salve del abrazo de tan eficaz depredador.

Es de color anaranjado, cuenta con seis patas y unas largas antenas. Cazan a sus presas al acecho con un comportamiento similar al de la Mantis Religiosa, aunque estas chinches son más sensibles al movimiento.

Esta especie produce picaduras de forma ocasional y quienes las han sufrido aseguran que producen un intenso y agudo dolor que puede durar varios minutos, incluso horas, antes de desaparecer.

No tiene un horario concreto para picar y se han registrado picaduras tanto en exterior como en interior de viviendas

Los investigadores sugieren que “podrían sentirse atraídos hacia los humanos cuando se mueven”. Tras la picadura queda una pequeña herida.

Con estas características, puede causar un impacto negativo en el hábitat de las especies autóctonas.

Casos registrados en España

El estudio, publicado a principios de abril de 2021, recopila nueve casos de picaduras en España desde el año 2018. Casi todas ellas se han producido en la Comunidad Valenciana, aunque se ha registrado una en Cádiz y otra en Alcalá de Henares.

El primer caso de picadura del que se tiene constancia se documentó en Elche, en la provincia de Alicante, en 2018.

El pasado mes de agosto se registraron dos casos en Torrevieja, una mujer que salía de una piscina y un hombre de 78 años en su domicilio. El último caso ocurrió el pasado mes de marzo en Santa Polo cuando un bebé de 8 meses presentó en cuadro de 4 picaduras.

En el año 2015, se descubrió esta especie en una zona ajardinada de Valencia próxima al Jardín del Turia. Tiempo más tarde se han multiplicado la aparición de esta especie en Valencia ciudad y en localidades próximas.

Casi diez años después, un reciente estudio de los investigadores Adrià Miralles-Núñez, Carlos Pradera y Juan A. Pujol, confirma que se ha propagado con rapidez por España y parte de Europa (Grecia e Italia).

El foco lo tienen localizado en la cuenca mediterránea. El área de actuación ha ido evolucionando.
En España se detectó por primera vez en la Comunidad Valenciana, posteriormente se trasladó a Andalucía.

En los últimos tiempos se ha detectado en Cataluña y en Madrid. Los autores del estudio auguran que su expansión por todo el país ya es un hecho y la actuación contra esta especie debe realizarse a nivel nacional.

Además, en la Comunidad Valenciana aparecen referencias de picaduras en zonas de cultivos de cítricos.

Evolución en Latinoamérica

Zelus renardii es uno de los redúvidos con mayor expansión en el mundo en los últimos años.

Según los autores del estudio, esta especie se ha registrado de forma abundante en numerosos países de Sudamérica, como Chile y Argentina.

En otros como Filipinas o la Polinesia Francesa ya se han registrado algunos casos, aunque muy minoritarios.

No es raro encontrarla dentro de edificios en invierno y tiene mucho más contacto con personas y acabar causando más picaduras que otros insectos de la misma familia autóctonos.

Además, es una especie que se adapta tanto a hábitats rurales como urbanos. Por eso, los autores consideran que el chinche asesino “podría llegar a ser una especie que cause molestias destacables a personas en zonas urbanas en España”.

Hiberna en estado adulto, por lo que “no es raro encontrarla dentro de edificios en invierno” y, por tanto, puede tener “mucho más contacto con personas y acabar causando más picaduras que otros insectos de la misma familia autóctonos”.

Es importante destacar que no se ha registrado que pueda actuar como vector de patógenos que causen algún tipo de enfermedad en humanos.

Los autores creen que las plataformas de ciencia ciudadana son de gran importancia para ayudar a aportar datos sobre su evolución y expansión en el país.

Efectos en otras especies y en el ecosistema

En principio el estudio realizado por Pablo Vera, Eduardo Pascual, Rubén Gracia y José Luis Greño, publicado en el cuaderno de octubre de Quercus, relata una más de las aventuras de nuestras especies invasoras, que en lo referente a los invertebrados supera ya el número de quinientas.

La preferencia urbana del chinche que estamos comentando la hace particularmente fácil de observar, aunque no tanto de controlar.

La necesidad de dicho control no se limita al aspecto científico, que siempre aconseja evitar estas presencias indeseables de especies animales y vegetales foráneas, sino también a la premura por evitar que su acción pueda desequilibrar los ecosistemas en los que se ha detectado.

Porque el avance de un insecto de estas características puede hacerse imparable si no se toman medidas de inmediato, y las consecuencias de estas invasiones son imprevisibles.

Es cierto que el chinche asesino consume pulgones y otras plagas de las plantas ornamentales, en este sentido sería positiva su presencia, pero por otra parte sus preferencias se orientan hacia pequeños escarabajos que son precisamente los mejores devoradores de aquéllos, como los pequeños Crisópidos, de bellos reflejos metálicos que, por su belleza, figuran entre los «insectos joya».

No se trata solamente de un visitante de las plantas de jardinería, ya que en los últimos meses se han hecho observaciones en las especies botánicas propias del matorral mediterráneo, como Lavandas, Jaras y Lentiscos, y también en las de los humedales.

La biodiversidad de los ecosistemas se ve muy seriamente amenazada por las especies invasoras, por lo que es justo agradecer a los investigadores que trabajen en estos aspectos tan poco espectaculares para el gran público.

Convencer a la Administración de que es necesario destinar recursos a la lucha contra estos enemigos será la siguiente prueba que deben afrontar los científicos.

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